El 10 de agosto de 2026, Colombia vivió uno de los eventos sísmicos más fuertes registrados en el país durante el siglo XXI. A las 7:34 de la mañana, un sismo de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, sus efectos se extendieron de forma simultánea a diferentes regiones del país, generando graves daños y repercusiones en ciudades como Cali, Pereira, Buenaventura, Quibdó y Manizales, entre otras.
Miles de familias vieron cómo, en cuestión de horas, su vida cambió para siempre: perdieron a quienes amaban, el techo que los protegía y la esperanza de un mañana tranquilo. Hoy, cuando aún resuena el eco del dolor, las cifras oficiales nos recuerdan la magnitud de esta tragedia: al 16 de agosto, más de 120.000 familias resultaron afectadas y más de 186.000 personas quedaron damnificadas. Pero detrás de cada número hay un rostro, una historia, una familia que hoy necesita no solo ayuda, sino también acompañamiento, esperanza y la certeza de que no están solas.
Ante esta realidad, la Fundación Encino de Moré decidió movilizarse. Más allá de observar las necesidades desde lejos, entendimos que era momento de acercarnos, servir y extender una mano a quienes atravesaban uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Cuando servir se convierte en una respuesta
Como parte de nuestro compromiso con las comunidades, voluntarios de la fundación de la Fundación Encino de Moré coordinaron dos jornadas de ayuda humanitaria en el sector de Alto Jordán y El Jordán, en el barrio Meléndez de Cali.
La Fundación realizó las gestiones necesarias para identificar dónde era posible brindar apoyo y, a partir de allí, organizó la entrega de alimentos y diferentes elementos de primera necesidad.
Las jornadas se desarrollaron los días 14 y 17 de agosto de 2026, llegando directamente a familias que enfrentaban las consecuencias de la emergencia.
No solo se trató de entregar alimentos, sino de estar presentes con un mensaje de salvación; para recordarles a las familias, que incluso en medio de la oscura dificultad, aún hay esperanza
Dos jornadas, un mismo propósito
14 de agosto · Primera jornada
Durante la noche del viernes 14 de agosto, voluntarios de la Fundación se desplazaron hasta la comunidad para realizar una primera jornada de entrega de ayudas.
Llevando alimentos y elementos de primera necesidad, entre ellos mercados, productos no perecederos y diferentes artículos destinados a apoyar las necesidades inmediatas de las familias.
La jornada permitió establecer un primer contacto con la comunidad y conocer de cerca las condiciones que estaban atravesando las personas afectadas.
Más allá de la ayuda material, generamos espacios de conversación, oración y acompañamiento personal, compartiendo un mensaje de fe y esperanza en medio de la preocupación y el temor que todavía estaban presentes.
17 de agosto · Segunda jornada
El lunes 17 de agosto, la Fundación regresó a la comunidad para continuar con la labor de acompañamiento.
En esta segunda jornada participaron alrededor de 20 miembros de la Fundación, quienes trabajaron en la entrega organizada de ayudas a 20 familias.
Durante la jornada se entregaron mercados, alimentos preparados, bebidas, productos de aseo, pañales y alimentos destinados a niños. También se incluyeron alimentos para perros y gatos, reconociendo que las necesidades de las familias también involucran a sus animales de compañía.
La jornada estuvo acompañada nuevamente por momentos de oración, reflexión y un mensaje de esperanza dirigido a las familias y especialmente a los niños presentes.
Una ayuda que va más allá de lo material
La respuesta de la Fundación Encino de Moré no se limitó a la entrega de recursos.
En medio de una comunidad afectada fuertemente por lo ocurrido, encontramos personas dispuestas a recibir, escuchar y compartir sus experiencias. La gratitud de las familias fue una de las expresiones que marcó ambas jornadas.
Por eso, cada entrega estuvo acompañada de amor, solidaridad y acompañamiento espiritual.
Compartimos espacios de oración por las familias, tiempos de reflexión y momentos de enseñanza, llevando un mensaje basado en la fe, la esperanza y la confianza en Dios.
También tuvimos un tiempo especial con los niños, compartiendo alimentos y auspiciando momentos que permitieran llevar alegría en medio de una situación marcada por la incertidumbre.
Porque creemos que ayudar no significa únicamente entregar lo que hace falta.
También significa estar presentes.
Ayudas que llegaron a la comunidad
Durante las jornadas realizadas en Meléndez se logró reunir y entregar diferentes elementos destinados a responder a necesidades inmediatas de las familias. Con nuestro equipo compuesto por más de 20 voluntarios, hemos logrado beneficiar a más de 30 familias en zonas afectadas gravemente.
Hemos logrado aportar en:
+20
Personas de la Fundación involucradas
Productos
De aseo y pañales.
Alimentos
Para perros y gatos.
Desayunos y Almuerzos
Almuerzos entregados en la segunda jornada
Cada elemento entregado representa una familia que recibió apoyo en un momento de necesidad.
Sembrar esperanza en medio de la dificultad
Estas dos jornadas representan una pequeña parte de la respuesta que una comunidad puede construir cuando decide unirse para servir.
Como Fundación, creemos que las grandes transformaciones comienzan muchas veces con acciones sencillas: un alimento entregado, una familia escuchada, un niño que recibe un refrigerio, una oración compartida o una palabra que devuelve esperanza.
Nuestra labor apenas comienza, pero tenemos la convicción de que cada oportunidad de servir es también una oportunidad de sembrar.
Seguiremos trabajando para estar cerca de las comunidades, responder ante sus necesidades y contribuir a la reconstrucción del tejido social desde el amor, la fe, la compasión y el servicio.
Porque en medio de la dificultad, servir también es una forma de sembrar esperanza.
Fundación Encino de Moré
Servimos con excelencia, caminamos en unidad y actuamos con integridad.